1993

Nací en una época de transición.

Una época en la cual en los recreos de la escuela no solo te jugabas

un picadito y te matabas a goles con tus amig@s, sino que también te embichabas de lo lindo intentando pasar ese difícil nivel en el Súper Mario de un Game Boy con una pantalla de 4x4 cm. Esa pantalla que ni siquiera era retroiluminada, lo que hacía que fuese difícil de jugar en ciertas condiciones.

 

Los nacidos en los años 90’ fuimos parte de una generación que comenzaba

a agarrarle el gustito a los primeros teclados y controles. A las consolas.

Por mis manos pasaron toda clase de Nintendos, Gameboys, PlayStations.

Nos devorábamos esos pixeles que formaban difusas siluetas de Donkey Kong, Sonic y hasta de un Ash Ketchum que recién empezaba a acomodarse

en ciertas pantallas.

 

Son personajes que quedan grabados en la memoria.

Son colores, formas, texturas y sonidos que logran que se torne

muy complejo alejarlos de mi mente a la hora de ponerme

a diseñar hoy en día.

 

Cuando alguien me pregunta de donde tomo referencias, la verdad

que no le puedo vender una realidad que no sea esta. Generalmente no hay Pinterest, Instagram, Behance o cualquier red social más rica que los recuerdos que llevo grabados en mi memoria.

 

Al ser un obsesivo fanático de los objetos antiguos, logro encontrar

mucha inspiración en ellos, y reinventarlos, por más freak que suene,

me hace un poco más feliz.

 

Tuve la suerte de escuchar hasta el hartazgo ese molesto y eterno ruido

por el que debías someterte si querías gozar de unos minutos de conexión

a ese mundo tan extraño que se abría ante nuestros ojos llamado INTERNET. Gozar de esos momentos de gloria significaba dejar inhabilitada

a toda tu familia si estaba esperando un llamado importante.

Pero no te importaba.

Uno quería descubrir ese maravilloso mundo virtual

del que todo el mundo hablaba.

 

Así me crié.

Diseñando banners de Fotolog (de las primeras redes a las que tuve

acceso de chico y que hoy en día ya ni existe) sin siquiera saber de la existencia de uno, o unos, programas de diseño que lo facilitaban todo.

Mucho menos sin saber que existía una profesión

llamada DISEÑADOR GRÁFICO.

 

Todo ese pasado lo llevo conmigo, hoy.

Nací con toda esa era digital a flote.

Es un pasado que no se me despega.

 

Bienvenidos a mi mundo.

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© 2020 by Ignacio Varela